«Los problemas no son el problema; el problema es afrontarlos.»
Virginia Satir
Probablemente una de las cosas más complejas de llevar a cabo es la de enfrentar las situaciones difíciles que ocurren en nuestra vida. Y dentro de lo que hemos en ocasiones de enfrentar, una de las cuestiones más delicadas es cuando se trata de situaciones complicadas en relación a otras personas.
Toda interacción humana puede tener sus propias complejidades. En las interacciones personales, familiares, en el trabajo… vivir en relación a otros significa que nos encontramos en ocasiones en situaciones de dificultad en el vínculo que nos une con la otra persona o grupo de personas. Cuando esto ocurre, cuando se presenta un momento difícil en relación a otro, ¿Qué haces?
Es cierto que enfrentar una situación interpersonal de manera activa, decidir conectar con la persona o personas que son parte de la situación para expresar lo que está ocurriendo y el impacto que tiene sobre uno es difícil. En ocasiones preferimos no decir nada en lugar de pasar por la situación de enfrentar el problema.
Sin embargo, un momento de dificultad, de incomodidad, vale más que mil horas de resentimiento y dolor. Es más, nuestras trabas para enfrentar con madurez las situaciones difíciles con otras personas en tiempo y forma suele tener como consecuencia que con el paso del tiempo se hace más complejo hacerlo, y el resentimiento, así como el sentimiento de separación crecen como maleza en el corazón y la mente. A medida que seguimos sin enfrentar la situación, usualmente estas oscuras sensaciones persisten e incrementan. Nos tentamos a creer que el tiempo todo lo cura, y sin embargo lo que solemos hacer es enterrar una semilla de discordia y resentimiento bajo la tierra fértil de la emoción contenida.
La propuesta es siempre elegir la dificultad al resentimiento. Siempre elegir el momento incómodo en lugar de la silenciosa e implacable separación y aversión.
Nos convencemos en ocasiones que enfrentar activamente una situación con otro nos separa, nos aleja. Lo percibimos como un momento difícil, donde los egos y las relaciones se encuentran inmersos en su propia complejidad. Sin embargo, es en el acto de ponerse a disposición de la situación y enfrentarla con sabiduría y compasión que la relación tiene una verdadera oportunidad de fortalecerse, de crecer, de existir de manera más limpia y sana. Sea lo que ocurra, ese momento de adultez emocional, al elegir un momento de incomodidad en lugar de una vida de resentimiento es quizá la mayor oportunidad para transformarnos y transformar a los demás.
Sozan