«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.»
Eduardo Galeano
Desde siempre me han interesado las maneras en que buscamos motivarnos a nosotros mismos, a otras personas o a equipos. Incontables libros se han escrito sobre el tema de la motivación, algunos vendiendo millones de copias como por ejemplo “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen R. Covey o “El Poder del Pensamiento Positivo” de Norman Vincent Peale.
La motivación es el proceso que inicia, guía y mantiene conductas y comportamientos orientados a objetivos determinados. Es lo que te hace actuar, ponerte en movimiento hacia un fin, y el impulso que nos mueve no sólo a realizar determinadas acciones sino también a persistir en ellas para su culminación. Es el combustible que impulsa la acción.
Existen muchas maneras de motivar y motivarse, y pueden provenir tanto de un impulso externo o interno. La aceptación o la fama pueden ser motivadores externos, y la felicidad o la ira pueden ser motivadores internos. Ya sea desde dentro o desde afuera, éstas son las energías que nos impulsan a lograr un objetivo en particular.
En relación a la transformación personal, existe un tipo de motivación que considero fundamental: la motivación que existe cuando tus valores están alineados con tu accionar en el mundo. Es el gran caudal de energía que se manifiesta cuando aquello que consideras de mayor importancia en tu vida está en armonía y centrado con aquello que haces.
La motivación que alimenta la acción cuando tiene su origen en los propios valores es lo que en otras palabras podría definir como “vivir tus valores” o “llevar tus valores a la acción”. Es un tipo de motivación que surge desde dentro, de lo más profundo de nuestro ser allí donde se encuentran nuestros valores.
¿Cuáles son entonces los valores más importantes para tí? Y ¿Cuánto de lo que haces, de tu acción, está alineada con tus valores? A primera vista parecen dos preguntas simples de responder, sin embargo, podemos darnos cuenta que en la vida nos encontramos en relaciones, trabajos, ocupaciones, etc. que no nos motivan. Buscamos la respuesta allí fuera, como por ejemplo que “no nos pagan suficiente”, o “es aburrido” cuando sin embargo la real causa de la falta de motivación es interna: lo que hacemos y nuestros valores no están alineados.
Vivir tus valores significa ser la versión más auténtica de ti mismo en todos los aspectos de tu vida. No solo en el trabajo, o con tu familia, sino en todos los ámbitos que te importan y que conforman tu día a día. Somos capaces de profundas transformaciones cuando identificamos nuestros valores centrales y actuamos en consecuencia.
Tus valores fundamentales te recuerdan quién eres. Ya sean personales, familiares, sociales, laborales… encuentra la motivación que surge de conectar con tus valores, y actúa en consecuencia.
Sozan