Haz lo que puedas, con lo que tienes, allí donde te encuentras. – Theodore Roosvelt
Vivimos en tiempos complejos. Ocurren, o parece que ocurren, muchas cosas. Probablemente esto no es propio de los tiempos que corren, y de una manera u otra en la historia de la humanidad los tiempos han sido siempre complejos. Quizá hoy, debido a la velocidad y amplitud de circulación de la información pareciera ser que las situaciones difíciles propias y ajenas son cada vez más… y más difíciles.
En su complejidad, la vida nos presenta innumerables obstáculos en su devenir cotidiano. Algunos son más pequeños, menos intimidantes, y otros a veces dan temor. Algunos obstáculos los creamos nosotros, otros se hacen aparentes sin siquiera saber cómo llegaron a materializarse. Y otros ni siquiera existen (aunque en nuestra mente podemos jurar que los vemos con claridad).
Como atletas olímpicos en la carrera de la vida, intentamos sortear estos obstáculos, saltarlos, evadirlos, negarlos, hacerlos a un lado, minimizarlos… estrategias que nos permiten de alguna manera seguir adelante con nuestra vida, porque estamos convencidos de que una vida plena, feliz, es lo que ocurre entre cada obstáculo. El bienestar se da en el verde pasto que crece entre las piedras en el camino de nuestra vida.
Olvidamos una cosa que es, creo, muy importante: Las piedras en el camino, son el camino.
Vivir una vida cuya felicidad y bienestar se torna dependiente de la inexistencia (o reducción) de obstáculos nos lleva usualmente a vivir en permanente insatisfacción, al contínuo sufrimiento. El camino sigue mostrándonos sus piedras, y nos propone que nos apoyemos sobre ellas para avanzar. Y nos sugiere que la manera de hacerlo es detenerse por un instante, observar, y con confianza y curiosidad dar el próximo paso integrando las complejidades de la vida como parte del proceso de transformación, en lugar de siempre verlas como un estorbo, un obstáculo que no nos permite ser quienes queremos ser, estar donde queremos estar, o cambiar lo que queremos cambiar. El proceso de transformación para convertirnos en seres más humanos se da gracias a las piedras en el camino, no a pesar de ellas.
Las piedras en el camino son el camino. En cada paso que damos descubrimos que al mirar hacia atrás vemos un largo camino que nos trajo hasta aquí, y al mirar hacia adelante observamos un sendero que se extiende hasta desaparecer en el horizonte de nuestra vida. Y en toda su extensión, majestuosas, sus piedras que desde su maravillosa complejidad han sido y serán un soporte, un sostén en tu camino de permanente transformación.