Pienso, luego

by sozan

«Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá esa sea la razón por la que haya tan pocas personas que lo practican.»

Henry Ford

En la fila del supermercado antes de pagar. Mientras conducimos el automóvil. En el elevador. Mientras otra persona nos está hablando. En la bañera… pensamos.

La ciencia nos dice (hoy) que tenemos alrededor de 6.200 pensamientos por día. Si consideramos que estamos en promedio unas 18 horas despiertos, esto significa que tenemos alrededor de cinco a seis pensamientos por minuto (o uno cada diez segundos). 

Claramente pensamos, y mucho. Pero la realidad es que rara vez nos detenemos a pensar, allí donde pensar sea la única actividad que estamos realizando en ese momento. Hacemos múltiples cosas a la vez, y pensar es una de ellas. Es como caminar y mascar goma de mascar al mismo tiempo. Preparar el desayuno y, mientras tanto, pensar. Hacer fotocopias y mientras lo hacemos… pensamos.

El pensar significa concentrarse en una cosa el tiempo suficiente para desarrollar una idea sobre ella. La actividad de pensar intencionalmente y de manera estructurada es algo que simplemente no puedes hacer en ráfagas de diez a veinte segundos cada vez, interrumpidas constantemente por mensajes de Facebook, entretenido con tu iPad, o concentrado en cualquier otra actividad que no sea, justamente, pensar.

Tener pensamientos es una cosa. La actividad de pensar de manera intencional es otra. De hecho, la mejor manera de mejorar tu capacidad de pensar es dedicar realmente tiempo a hacerlo como actividad principal.

En ocasiones tu mente está enfocada en lo que estás realizando en ese momento en particular, por ejemplo cuando realizas una ecuación matemática: Tus pensamientos están alineados con aquello que estás haciendo. Lo mismo ocurre cuando escribes un correo electrónico y a la vez estás pensando en las palabras que utilizas. Tu mente se enfoca en ello. De la misma manera, cuando haces del «pensar» tu actividad principal durante un espacio determinado de tiempo lo que ocurre es que, como en los ejemplos anteriores, tu mente se enfoca en esa actividad: piensas en pensar.

Si quieres mejorar tu capacidad para tomar mejores decisiones, tener más control sobre tus hábitos y la manera en que te relacionas contigo y con los demás, «pensar» debe ser un ítem en tu agenda, un espacio en el que te dedicas 100% a esa única actividad. Sin música de fondo, sin estar a la vez alerta a si la persona frente a ti ya pagó su ticket y ahora es tu turno para avanzar en la fila. Sin la necesidad de prestar atención a si el semáforo ha cambiado su luz a verde. Un tiempo en el que puedas dedicar tu absoluta atención a lo que ocurre en tu mente.

Si no lo haces con frecuencia, te invito a que lo intentes. De manera intencional, dedica diez minutos a pensar como única actividad (sólo diez minutos es una eternidad, verás). Busca el lugar apropiado, libre de potenciales interrupciones. Elige un tema apropiado al que le quieras dedicar estos preciados minutos… y piensa.

Sozan