Sé el cambio que quieres ver en el mundo. – Mahatma Gandhi
El progreso es importante. No siendo necesariamente bueno o malo en sí mismo, ya que por definición “progreso” significa avance y transformación, aquello que avanza o se transforma es lo que hace al progreso algo positivo, neutro o en ocasiones negativo.
El progreso es una parte fundamental de nuestras vidas en la cultura en la que nos desarrollamos. Un futuro mejor, o la idea que tenemos hoy de lo que podría ser un futuro mejor, late en nuestra consciencia al ritmo de nuestra imagen del progreso. Con la mirada puesta en el mañana, un mañana diferente, abundante, positivo, vivimos en constante búsqueda de esa transformación. Progreso personal, progreso social, progreso económico… grandes anhelos que producen un profundo impacto en cómo vivimos el presente.
La palabra progreso viene del latín “progressus”, que significa ‘avance’, formado con el prefijo pro-(hacia delante) y gressus ‘ir, marchar’. Progreso puede entonces definirse como “marchar hacia adelante”. Y en esa marcha hacia adelante comienza a ser cada vez más importante el próximo paso. Lo próximo, lo nuevo, lo diferente. El paso que importa es el que viene. Marchando hacia adelante, progresamos.
El gran problema en relación al progreso es cuando lo identificamos únicamente con la satisfacción. Porque el progreso es un concepto esquivo, que siempre está un paso más adelante que el presente. Cuando el progreso pasa a ser en sí mismo un objetivo a alcanzar, algo que lograr, progresar en el progresar, comenzamos a sentir la insatisfacción que deviene de aquello que podemos ver, pero nunca llega, o mejor dicho, siempre se renueva. En lugar de ser una fuerza direccionadora de nuestra vida, la idea de progreso se solidifica en lo próximo: el próximo ascenso, la próxima venta, el próximo encuentro, la próxima carrera. Y nos convencemos que ello será suficiente… pero cuando llegamos, descubrimos desilusionados que aún hay más por progresar.
Cuando lo que conduce nuestra vida en gran medida es el afán de progreso, cuando “marchar hacia adelante” y “lo más y mejor está por venir” es aquello que dirige el ímpetu de nuestra realidad cotidiana, suele ocurrir que no nos permitimos detenernos por un instante en el paso en el que estamos. Y cuando esto sucede, algo fundamental se pierde. El presente no tiene vigor, el lugar y el momento actual no nos conmueve ni llama la atención. Con la vista puesta únicamente en el futuro, nos tropezamos en el presente.
La propuesta aquí es que el progreso sea energía de transformación positiva en lugar de convertirse en ilusión de satisfacción y logro. De esta manera podremos quizá marchar hacia adelante, sintiendo, conectando en cada paso con la cálida tierra bajo nuestros piés en el momento presente.