Yo no fui

by sozan

«Si revelas tus secretos al viento, no debes culpar al viento por revelarlos a los árboles.»

Kahlil Gibran

El calor. El frío. El perro del vecino. El vecino.
Invertimos enormes caudales de energía en culpar a algo allí fuera por lo que nos ocurre aquí dentro.

Culpar es un método en ocasiones inhábil de quitarnos responsabilidad de lo que realmente ocurre. Por supuesto es culpa del sol el hecho de que haga calor, y sin embargo, por sólo mirar al sol y propiciarle toda responsabilidad por mi malestar, no caigo en la cuenta de que aún tengo puesto un abrigo y medias de lana. Culpar nos quita la posibilidad de integrarnos con lo que ocurre, y trae consigo separación, dolor y sufrimiento. Pocas veces el resultado de culpar es constructivo y provocador de un cambio positivo.

Hasta que no nos ocupemos de nuestra habitual reacción de culpar, nunca estaremos en paz. Esto no significa no ver o no reconocer lo que está sucediendo, sino que el reto es que en lugar de culpar de manera sistemática a todos los acontecimientos externos por las cosas que ocurren en nuestra vida, podamos conectar con la capacidad de asumir la responsabilidad como ser humano de lo que está sucediendo en este momento, el rol que ocupas, y trabajar diligentemente en nosotros mismos reconociendo que eso tendrá un efecto en el mundo que nos rodea.

Por supuesto, no eres necesariamente el generador de todas las complejidades que ocurren en tu vida. El punto aquí es que en ocasiones nos es más fácil y conveniente ingresar en el espacio del “culpar”, buscando (sin pensarlo demasiado) algo o alguien sobre quién depositar la responsabilidad de los acontecimientos. Si está allí, no está aquí. De esta manera es muy fácil no asumir nuestro papel en lo que nos aqueja.

Es muy interesante observar cómo culpamos para quitarnos responsabilidad, y sin embargo, al hacerlo, en general no nos sentimos mejor. Incluso en ocasiones el producto de esta manera de reaccionar genera resentimiento, enojo y desazón. Pensamos que al culpar nos quitamos un peso y sin embargo no nos sentimos más livianos. Vaya paradoja.

Dejar de poner la atención en el sol y en su lugar mirarse las medias, observar si estamos parados en medio de su luz o en la sombra, notar si nos estamos moviendo sin pausa, y verificar que estemos bien hidratados se convierte en la diferencia entre culpar a febo u observar nuestra responsabilidad de lo que nos hace sudar.

Nadie tiene toda la culpa de todo y todos tenemos la culpa de algo. Notarlo es una excelente oportunidad de transformación hacia un ser más humano.

Sozan